Era un jilipollas, no le soportaba. Tan jodidamente pijo, tan horriblemente empalagoso. Alguien le dijo un día que tenía talento y desde entonces perseguía al viejo por todos lados. Era su sombra. El viejo me caía bien, pero no entendía por qué le daba tanta cancha a Pablo. Pablo, Pableras, hace un par de años tenía la colleja roja, era uno de esos tipos que nadie sabe por qué, un día se convierten en el objetivo de los matones al cruzar el umbral de la puerta. Pero dió un estirón y de repente empezó a interesarle a las chicas, a mí me parecía el mismo idiota, unos centímetros más alto, pero todavía tenía un mentón de cristal y más ganas de aparentar ser algo que de atreverse a serlo. Se apuntó a aquel taller de poesía, y reconozco que algunos de sus trabajos eran jodidamente buenos, pero siempre recargaba todo, lo cubría de un halo de misticismo vomitivo. Sentía que quería ocupar mi nicho ecológico, de repente empezó a leer libros de poesía y a dejarlos sobre la mesa aunque la clase fuera de matemáticas. Le faltaba una camiseta en la que pusiera "Aunque no lo sepas, soy el nuevo Lorca". Empezó a salir con Clara. Oh Clara, cualquier quinceañero ocuparía su mano derecha con sólo oler el pelo de Clara, y lo peor es que ella era de las que lo saben. Una de esas bellezas pérfidas, capaces de tirarse al inspector de aparcamiento por ahorrarse una multa, ajustarse la falda y largarse con la cabeza bien alta, como si le fuera legítimo.
Vaya al grano se lo ruego.
Vale, vale, pero no diga después que yo no le cuento nada. El asunto es, que dejó al pobre diablo, se volvió ermitaño, ya no exhibía sus libros de poesía y se piraba más clases de la cuenta. Fue por entonces cuando empezó a rondar al viejo, por lo que no sólo tenía que aguantarle en clase, sino que además tenía que aguantarle en el piso de enfrente. La de veces que me habré cagado en la familia del constructor por haber hecho tan finas las paredes.
Háblenos del quince de octubre.
El quince de octubre...¡Ah! la pelea, correcto.
Sí, la pelea.
Carlos Rodríguez empezó a tirarse a Clara. Rodríguez era el tipo malo de la clase, lo más bajo de lo bajo del instituto. Era un hijo de puta. Siempre iba perdonándole la vida a todo el mundo, menos a mí. Nos llevábamos bien desde el día que le disloqué el hombro.
Así que ustedes dos ya habían tenido trifulcas
No, no fue una trifulca, me quiso robar un paquete de tabaco, le retorcí la muñeca y se le salió el hombro. Se tiró una semana con un cabestrillo. No me gusta pelearme con nadie, soy bastante tranquilo pero...
Eso no es lo que dice su historial.
¡Déjeme terminar coño!
No me dé voces.
No doy voces, le digo, mis amigos suelen meterse en líos, y para mí los amigos son lo primero.
Debería cambiar sus compañías.
Suena como mi madre¿ Le enseñaron a hablar así en la academia?
¡Siga con su declaración!
El caso es que aquella noche yo estaba con Clara, hablando sin más, y Rodríguez se acercó a mí, me dijo que me largara, le dije me dejara en paz, que no iba a tocar a su chica. Lo típico, en plan conciliador ¿sabe? pero el cabrón me metió un puñetazo que me dolió como si me hubiese golpeado con una marra, me recompuse como pude y le empujé contra la pared, se dió de espalda y se vino a por mí como un potro desbocado. Yo parecía el puto Muhamad Alí a su alrededor, esquivando sus tarascadas que iban y venían. De repente, algo me solucionó el problema. Cabañas se le abalanzó encima, le tiró al suelo y con sus brazos de jilguero intentaba herir a Rodríguez. Le va a matar pensé. Cabañas decía nosequé de sentir el dolor, y de su boca saltaban hilos de saliva, estaba rojo como un tomate, fuera de sí, como encocado. Rodríguez se levantó y le metió un directo en el ojo derecho, empezó a sangrar por la nariz. Me ví en la tesitura de separar a Cabañas y hacerme el machito enfrentándome al imprevisible Rodríguez, al que no creo que llamasen "El Cheiras" porque fuera coleccionista de navajas, o bien encenderme un cigarro y mirar como hacía Clarita. Cogí la calle de en medio, y maldita la hora.Cogí un botellín por el cuello, y cuando Cheiras me dió la espalda para encarar a Cabañas y mandarle al hospital, se lo encajé en el cráneo. Cayó redondo. Pero sus amigos decidieron darse un festín con nosotros...
---------------------------------------------------------------
-Corre hijoputa, corre mierdablanda
-Déjamelos, puedo con ellos
-Te van a matar, vámonos
Me encontraba fuera de mí, poseído por una ira que no había sentido nunca antes. Me sentía vivo por primera vez. Balú tiraba de mi brazo, trataba de poner sensatez. Como siempre. Balú siempre se preocupaba más de los demás que de sí mismo, por eso es un perdedor. Cuando ví al resto de la pandilla de el Cheiras, decidí oir a Pepito Grillo y salí corriendo detrás de él. Estaba algo gordo, pero corría como una gacela. Cruzamos un par de calles, y se metió en un parque, cogió dos piedras, y las lanzó certeras a dos farolas, dejándonos en la oscuridad. Me agarró y me tiró al suelo, detrás de un banco de acero.
-Shhh, estate calladito y pasarán de largo
-¿Dónde has aprendido?
-Si sigues hablando y nos encuentran, cuando me recupere te daré una paliza que te hará olvidar laque te den ellos
Me callé ipsofacto. Balú era un buen tipo. Se llevaba bien con toda la gente, no había forma de borrarle la sonrisa de la cara, incluso cuando todo le venía en contra, no sé de dónde sacaba las fuerzas para seguir adelante con todo lo que le pasaba. Le conocía del insti, era amigo de Clara, del colegio, de cuando eran pequeños. Creo que le caía mal porque estaba enamorado de Clara. Cuando salíamos juntos, Clara me decía que me llamaba, "el blandito". No le caía bien, creo que me envidiaba. Pero no le guardo rencor, los ojos de Clara eran demasiado poderosos. Los amigos de Cheiras pasaron de largo, dando voces, perdiendo nuestro rastro.
-Cabañas¿en qué coños estabas pensando para hacer eso?Te he tenido que salvar el pellejo, da gracias a la consistencia de los botellines de Mahou, si no ahora estarías en el hospital.
-Tu tío me lo mandó
-¿El viejo?
-Sí, tu tío, me dijo que tenía que coger la vida por los cojones, que tenía que enfrentarme a mis miedos, que tenían que partirme la cara por primera vez.
-Puto pijo de urbanización inconsciente ¿Sabes lo que has conseguido?Nos has buscado la ruina, estamos muertos ¡muertos!-Nunca había visto a Balú con esa cara, incluso cayéndole como una patada en la boca, había decidido ayudarme en lugar de borrarse como habría hecho cualquier otro. Había decidido compartir mi negro destino, ese que había decidido tener, para aprender de sufrimiento, como el maestro me dijo.
-Vámonos, duerme en mi casa esta noche, te estarán esperando en la parada del bus.
-Vaya, lo tienes todo estudiado.
-Mira chavalín, podría haberme lavado las manos y haber dejado que Rodríguez te ahostiara, pero no sé qué coños me ha impulsado a romperle el botellín en la cabeza. Ahora estamos jodidos, así que o aprendes a pensar rápido, o estrenarás una brillante silla de ruedas para que le pegues un "I love Jaime Gil de Biedma" en el lateral.
-¿Ya no te gusta Gil de Biedma?
-¿Te enseñó a escapar de una pandilla de canis ansiosos de sangre?No, ahora es más útil y necesario nombrar una cita de Sun Tzu que dice que te calles la boca y dejes que yo piense por los dos.
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domingo, 16 de mayo de 2010
jueves, 24 de abril de 2008
Versos Coagulados(II)
-Pensé que no tendrías cojones para enfrentarte a la realidad.
-Me van los retos- le dije intentando no colorear mis calzoncillos mientras lo soltaba. Aquel sitio daba realmente miedo. Todo el mundo en silencio, bebiendo líquidos leñosos en copas grandes. Había un maromo de dos por dos al final de la barra mirándome con los ojos inyectados en sangre. Yo desentonaba, con mi cuaderno amarillo, mi camiseta de los Beatles, y mis zapatillas de deporte.
-¿Qué bebes?.
-Whisky con coca cola- dije temiendo la respuesta.
-Cuando dijiste whisky pensé que realmente eras un tipo con agallas, un hombre de verdad- supuse en aquel momento que antes o después me acostumbraría a sus ironías, pero el cabrón está bajo tierra y todavía resuenan sus jilipolleces en mi coco.
-La bebida no define a un hombre.
-¿Y qué le define a un hombre Sócrates?
-Sus palabras- por fín dije algo sin que me temblara la voz.
-Entonces los vendedores son personas maravillosas, salvan vidas y si les aprietas un poquito te hacen una mamada. A la mierda las palabras, las palabras son las mayores mentirosas del mundo chavalín. Las usamos para construirles a los demás su realidad sobre nosotros, que es muy distinta a nuestra realidad. Lo único sincero que existe es el silencio. Paco, pónle a este chico whisky sólo, que está en edad de crecer.
Aquello sabía a lubricante de motosierra, por el regusto a madera que dejaba, pero en el estómago sentías una puñalada y en la cabeza un mazazo. Era lo más parecido a una paliza que me habían dado hasta entonces.
-Esa es tu libreta, chaval te sobreestimas. Nunca uses un cuaderno tan grande, los cuadernos grandes piden ser rellenados, y cuando quieres rellenar algo, de forma inconsciente lo rellenas del mismo contenido que tu colon. Las libretas pequeñas te hacen depurar los versos, no escribes al no ser que sea algo que realmente merezca la pena guardar. Pásamelo- comenzó a pasar las hojas mientras mordía lo que quedaba de un puro que apestaba a barato.
Se quedó allí, a la luz tenue y rojiza que iluminaba la barra, en silencio durante dos horas. Cada vez que intentaba decir algo me clavaba los ojos. Me bebí otras dos palizas y el maromo del final de la barra parecía menos amenazante. Seguramente pasaba allí las noches por miedo al contacto humano, o era el matón de alguien más bajito y con más dinero que él. Al fondo había una mujer de unos 30 años lamiéndole la oreja a un hombre con la mirada perdida en el infinito y la mano metida en su pantalón. El camarero parecía tener pegado a su labio inferior un cigarro que no ví apagado en ningún momento. Los minutos pasaban y las nauseas que me provocaba el olor de aquel antro se iban atenuando. Él seguía pasando las hojas, su cara no cambiaba de posición. Cuando terminó, cerró el cuaderno y lo puso sobre la barra, pegó un trago largo a su copa hasta dejar sólo un hielo. Mientras mordía el otro hielo me miraba a los ojos. Estaba esperando su veredicto, su patada en el culo o su palmada en mi hombro. Arrancó una hoja y sacó un mechero, cogió el resto del cuaderno y lo tiró al suelo.
- No, no me jodas, mierda es el trabajo de tres años.
-Empezaste con quince años ¿no?. Chico, la mayoría de ese cuaderno recibiría un trato de lujo si lo utilizase para limpiarme el culo. Vomitivo y pegajoso. Lo único que merece la pena es esta hoja- era un poema bastante reciente, lo escribí el día en que mi exnovia del instituto me dejó por un jilipollas que estudiaba derecho. Estaba realmente enamorado de aquella chica, era casi perfecta, casi, porque si no hubiese sido tan puta sería perfecta. Pero tampoco habría llegado a estar conmigo. Aquel poema lo escribí borracho aquella noche al llegar a casa, me la agarré llorona aquel día, incluso había borrones de tinta entre las cuadrículas por alguna lágrima suicida sobre el cuaderno.
-Este poema me dice que a lo mejor te puedo convertir en un hombre de verdad, toma y vete a tu casa. Vuelve mañana a las tres de mañana.
-Pero si tengo clase pasado mañana.
-A la poesía le da igual qué cojones tengas que hacer, ella viene a tí, si escapas nunca se quedará contigo.
Mientras el autobusero maldecía a todos los conductores del mundo y a la luz del atardecer yo leía una y otra vez aquel poema:
Sellaste mi memoria con cola hirviendo
oxidando con fluidos de otro mis entrañas
a pesar de ello todavía tengo las ganas
de atarte a mi cintura con sutura para hielo
porque eres puro hielo quemándome
vaciando mi estómago a ritmo sincopado
dilatas mi boca con tu sexo amargo
pero tengo ganas de con tu piel arroparme
una vez más y mil veces si te pones
a tiro entre ceja y ceja de mi pluma
te dedico sonetos que no se esfuman
ni cuando haces que caduquen...mis cajas de condones.
Pensé mucho sobre ese poemilla. Es cierto que lo escribí con dolor y desde el corazón, y salió sólo, sin planteamientos ni esquemas, libre y descorazonado. Pero también pervertido. Pensé " a este tipo le basta con que meta dos tacos entre verso y verso y algo sobre algún coño...se cree Bukowsky el muy cabrón", ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba, del lastre que son los prejuicios para el escritor.
Me tiré la noche en vela delante de una libreta pequeña que compré en la papelería de debajo de mi casa. No fuí capaz de escribir una sóla palabra. El whisky me hizo dormir como un niño sobre la mesa.
-Me van los retos- le dije intentando no colorear mis calzoncillos mientras lo soltaba. Aquel sitio daba realmente miedo. Todo el mundo en silencio, bebiendo líquidos leñosos en copas grandes. Había un maromo de dos por dos al final de la barra mirándome con los ojos inyectados en sangre. Yo desentonaba, con mi cuaderno amarillo, mi camiseta de los Beatles, y mis zapatillas de deporte.
-¿Qué bebes?.
-Whisky con coca cola- dije temiendo la respuesta.
-Cuando dijiste whisky pensé que realmente eras un tipo con agallas, un hombre de verdad- supuse en aquel momento que antes o después me acostumbraría a sus ironías, pero el cabrón está bajo tierra y todavía resuenan sus jilipolleces en mi coco.
-La bebida no define a un hombre.
-¿Y qué le define a un hombre Sócrates?
-Sus palabras- por fín dije algo sin que me temblara la voz.
-Entonces los vendedores son personas maravillosas, salvan vidas y si les aprietas un poquito te hacen una mamada. A la mierda las palabras, las palabras son las mayores mentirosas del mundo chavalín. Las usamos para construirles a los demás su realidad sobre nosotros, que es muy distinta a nuestra realidad. Lo único sincero que existe es el silencio. Paco, pónle a este chico whisky sólo, que está en edad de crecer.
Aquello sabía a lubricante de motosierra, por el regusto a madera que dejaba, pero en el estómago sentías una puñalada y en la cabeza un mazazo. Era lo más parecido a una paliza que me habían dado hasta entonces.
-Esa es tu libreta, chaval te sobreestimas. Nunca uses un cuaderno tan grande, los cuadernos grandes piden ser rellenados, y cuando quieres rellenar algo, de forma inconsciente lo rellenas del mismo contenido que tu colon. Las libretas pequeñas te hacen depurar los versos, no escribes al no ser que sea algo que realmente merezca la pena guardar. Pásamelo- comenzó a pasar las hojas mientras mordía lo que quedaba de un puro que apestaba a barato.
Se quedó allí, a la luz tenue y rojiza que iluminaba la barra, en silencio durante dos horas. Cada vez que intentaba decir algo me clavaba los ojos. Me bebí otras dos palizas y el maromo del final de la barra parecía menos amenazante. Seguramente pasaba allí las noches por miedo al contacto humano, o era el matón de alguien más bajito y con más dinero que él. Al fondo había una mujer de unos 30 años lamiéndole la oreja a un hombre con la mirada perdida en el infinito y la mano metida en su pantalón. El camarero parecía tener pegado a su labio inferior un cigarro que no ví apagado en ningún momento. Los minutos pasaban y las nauseas que me provocaba el olor de aquel antro se iban atenuando. Él seguía pasando las hojas, su cara no cambiaba de posición. Cuando terminó, cerró el cuaderno y lo puso sobre la barra, pegó un trago largo a su copa hasta dejar sólo un hielo. Mientras mordía el otro hielo me miraba a los ojos. Estaba esperando su veredicto, su patada en el culo o su palmada en mi hombro. Arrancó una hoja y sacó un mechero, cogió el resto del cuaderno y lo tiró al suelo.
- No, no me jodas, mierda es el trabajo de tres años.
-Empezaste con quince años ¿no?. Chico, la mayoría de ese cuaderno recibiría un trato de lujo si lo utilizase para limpiarme el culo. Vomitivo y pegajoso. Lo único que merece la pena es esta hoja- era un poema bastante reciente, lo escribí el día en que mi exnovia del instituto me dejó por un jilipollas que estudiaba derecho. Estaba realmente enamorado de aquella chica, era casi perfecta, casi, porque si no hubiese sido tan puta sería perfecta. Pero tampoco habría llegado a estar conmigo. Aquel poema lo escribí borracho aquella noche al llegar a casa, me la agarré llorona aquel día, incluso había borrones de tinta entre las cuadrículas por alguna lágrima suicida sobre el cuaderno.
-Este poema me dice que a lo mejor te puedo convertir en un hombre de verdad, toma y vete a tu casa. Vuelve mañana a las tres de mañana.
-Pero si tengo clase pasado mañana.
-A la poesía le da igual qué cojones tengas que hacer, ella viene a tí, si escapas nunca se quedará contigo.
Mientras el autobusero maldecía a todos los conductores del mundo y a la luz del atardecer yo leía una y otra vez aquel poema:
Sellaste mi memoria con cola hirviendo
oxidando con fluidos de otro mis entrañas
a pesar de ello todavía tengo las ganas
de atarte a mi cintura con sutura para hielo
porque eres puro hielo quemándome
vaciando mi estómago a ritmo sincopado
dilatas mi boca con tu sexo amargo
pero tengo ganas de con tu piel arroparme
una vez más y mil veces si te pones
a tiro entre ceja y ceja de mi pluma
te dedico sonetos que no se esfuman
ni cuando haces que caduquen...mis cajas de condones.
Pensé mucho sobre ese poemilla. Es cierto que lo escribí con dolor y desde el corazón, y salió sólo, sin planteamientos ni esquemas, libre y descorazonado. Pero también pervertido. Pensé " a este tipo le basta con que meta dos tacos entre verso y verso y algo sobre algún coño...se cree Bukowsky el muy cabrón", ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba, del lastre que son los prejuicios para el escritor.
Me tiré la noche en vela delante de una libreta pequeña que compré en la papelería de debajo de mi casa. No fuí capaz de escribir una sóla palabra. El whisky me hizo dormir como un niño sobre la mesa.
lunes, 21 de abril de 2008
Versos Coagulados
-¿Realmente quieres ser poeta chaval?, no sabes lo que dices, no tienes ni puta idea de qué es la poesía. La poesía es una zorra exigente, te roba el corazón una y otra vez. Siempre es más agradecida con los demás que contigo mismo, y cuanto más desagradecida es, más te gusta y más bella te parece.
-Pero maestro, sólo quiero escribir bellos versos para encandilar a las damas.
-Mira chaval, si quieres encandilar a las damas no escribas poesía, no empieces ni siquiera una triste libreta. Matricúlate en derecho y apúntate a un gimnasio. Olvida todo lo que sepas sobre historia, arte, literatura e incluso sobre deportes que no sean fútbol. Aprende a tratar mal a las mujeres y cómprate un buen coche. Eso todo te dará más mujeres que la poesía, más polvos y más saliva ¿contento?.
-Pero maestro, así no conseguiré el amor puro, no podré hablar de la pureza del amor entre un hombre y una mujer.
-Chavalín, deja de soñar, o de fumar marihuana, o lo que cojones hagas. No te ayudará a escribir mejor. ¿El amor puro? ese amor jamás lo podrás sentir porque el único que siente verdadero amor y lo valora, sabe que es demasiado importante como para alcanzarlo y perderlo. Porque el amor se pierde, desaparece. Lo que queda es el dolor, y sólo el dolor te hará un gran poeta, de los que llenan montañas de libros que nadie querrá publicar por el daño que puede hacer un simple verso. La angustia, ese es un sentimiento que perdura. La pérdida. Pero el amor...el amor es poseer a alguien y alguien siempre va a desaparecer, a perderse o a largarse con otro idiota.
-No estoy de acuerdo con usted maestro, el amor de Romeo y Julieta perduró en el tiempo, llegó hasta nuestros días.
-Eso es pura basura literaria, eso no es amor, es enajenación mental. Amor es ansiar despertarse cada mañana al lado de alguien, prepararle el desayuno, ver una película el domingo por la tarde abrazado a ella, follar a la hora de la siesta, recordar su olor y rellenar libretas...
-Entonces dice que el amor hace escribir poesía.
-Me refería a libretas con la lista de la compra.
-No mienta maestro, usted ha estado enamorado, y ha escrito poemas tremendamente buenos mientras lo ha estado, en sus primeros libros, en sus primeras servilletas de bar. Pero algo le ocurrió¿ no es así?- mi pregunta le cambió la cara, como si hubiese tocado en su centro de flotación.
-Chaval, recuerda esto-tosió sangre, una sangre negruzca, coagulada y la tapó con un viejo y sucio pañuelo de seda- el día que seas feliz sólo con oler su pelo, y todo lo demás te dé igual, el día que sólo su sonrisa te alegre el día, no la dejes escapar por nada en el mundo. No la dejes irse con otro, no te dejes llevar por el tiempo ni sueñes con que la olvidarás fácilmente. No busques consuelo en ninguna zorra, en ningún bar, ni siquiera en el fondo de un vaso de bourbon. Agárrala fuerte del talle y no la dejes escapar. O acabarás vomitando sangre delante de un inútil que quiere escribir poesía barata pensando en sí mismo. Cuando la encuentres sabrás de qué te hablo, ahora deja de hacerte pajas y de escribir versos melancólicos y pegajosos, coje una libreta y vete al bar más inmundo de la ciudad, empieza la casa por los cimientos, porque hasta que no aprendas a describir la inmundicia, no sabrás describir la luz. Yo llevo 30 años intentándolo y aún no he acabado.
-¿Le veo mañana maestro?
-Sólo si tienes cojones para enfrentarte a la realidad.
Cuando salí de aquel bar que olía a amoníaco, probablemente por la suciedad de los urinarios, encendí un cigarro para colapsarme las fosas nasales de algo que no fuese vomitivo. Aquel tipo era un idiota, aunque escribía como nadie. Pero era arriesgado dejarse caer por su cuesta abajo...
CONTINUARÁ
-Pero maestro, sólo quiero escribir bellos versos para encandilar a las damas.
-Mira chaval, si quieres encandilar a las damas no escribas poesía, no empieces ni siquiera una triste libreta. Matricúlate en derecho y apúntate a un gimnasio. Olvida todo lo que sepas sobre historia, arte, literatura e incluso sobre deportes que no sean fútbol. Aprende a tratar mal a las mujeres y cómprate un buen coche. Eso todo te dará más mujeres que la poesía, más polvos y más saliva ¿contento?.
-Pero maestro, así no conseguiré el amor puro, no podré hablar de la pureza del amor entre un hombre y una mujer.
-Chavalín, deja de soñar, o de fumar marihuana, o lo que cojones hagas. No te ayudará a escribir mejor. ¿El amor puro? ese amor jamás lo podrás sentir porque el único que siente verdadero amor y lo valora, sabe que es demasiado importante como para alcanzarlo y perderlo. Porque el amor se pierde, desaparece. Lo que queda es el dolor, y sólo el dolor te hará un gran poeta, de los que llenan montañas de libros que nadie querrá publicar por el daño que puede hacer un simple verso. La angustia, ese es un sentimiento que perdura. La pérdida. Pero el amor...el amor es poseer a alguien y alguien siempre va a desaparecer, a perderse o a largarse con otro idiota.
-No estoy de acuerdo con usted maestro, el amor de Romeo y Julieta perduró en el tiempo, llegó hasta nuestros días.
-Eso es pura basura literaria, eso no es amor, es enajenación mental. Amor es ansiar despertarse cada mañana al lado de alguien, prepararle el desayuno, ver una película el domingo por la tarde abrazado a ella, follar a la hora de la siesta, recordar su olor y rellenar libretas...
-Entonces dice que el amor hace escribir poesía.
-Me refería a libretas con la lista de la compra.
-No mienta maestro, usted ha estado enamorado, y ha escrito poemas tremendamente buenos mientras lo ha estado, en sus primeros libros, en sus primeras servilletas de bar. Pero algo le ocurrió¿ no es así?- mi pregunta le cambió la cara, como si hubiese tocado en su centro de flotación.
-Chaval, recuerda esto-tosió sangre, una sangre negruzca, coagulada y la tapó con un viejo y sucio pañuelo de seda- el día que seas feliz sólo con oler su pelo, y todo lo demás te dé igual, el día que sólo su sonrisa te alegre el día, no la dejes escapar por nada en el mundo. No la dejes irse con otro, no te dejes llevar por el tiempo ni sueñes con que la olvidarás fácilmente. No busques consuelo en ninguna zorra, en ningún bar, ni siquiera en el fondo de un vaso de bourbon. Agárrala fuerte del talle y no la dejes escapar. O acabarás vomitando sangre delante de un inútil que quiere escribir poesía barata pensando en sí mismo. Cuando la encuentres sabrás de qué te hablo, ahora deja de hacerte pajas y de escribir versos melancólicos y pegajosos, coje una libreta y vete al bar más inmundo de la ciudad, empieza la casa por los cimientos, porque hasta que no aprendas a describir la inmundicia, no sabrás describir la luz. Yo llevo 30 años intentándolo y aún no he acabado.
-¿Le veo mañana maestro?
-Sólo si tienes cojones para enfrentarte a la realidad.
Cuando salí de aquel bar que olía a amoníaco, probablemente por la suciedad de los urinarios, encendí un cigarro para colapsarme las fosas nasales de algo que no fuese vomitivo. Aquel tipo era un idiota, aunque escribía como nadie. Pero era arriesgado dejarse caer por su cuesta abajo...
CONTINUARÁ
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